Sunday, November 26, 2006

Bomba atómica

HIROSHIMA



El 6 de Agosto de 1945, EEUU lanzaba la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Es el mayor acontecimiento bélico (y posiblemente no bélico) de la historia. Setenta mil muertos y más de cien mil heridos, más del 95% de los edificios destruidos y la radiactividad, que todavía sigue dejando sus secuelas tras sesenta años. Cinco días después, EEUU lanzaba otra bomba sobre la ciudad de Nagasaki; 60000 muertos y más de lo mismo. La guerra mundial finalizaba con la rendición de Japón y con el país oriental sumido en la mayor tragedia que se ha visto jamás. Pero la guerra había finalizado.

¿Fue estrictamente necesario lanzar la bomba? Creo que es difícil saber a ciencia cierta si fue necesario o no. Es posible que la guerra hubiese acabado en poco tiempo, pero también podía haber durado unos cuantos años más sin haber recurrido a tan”macabro chantaje”. Es sabido que Japón trataba de buscar una paz con EEUU, aunque, sin embargo, no tenía intención de ver debilitado su orgullo. Su estrategia era utilizar a la Unión Soviética de intermediario.

Analicemos primero los acontecimientos para, a partir de ahí, reflexionar sobre las diferentes cuestiones. La URRS y EEUU ya habían comenzado a tener pequeñas diferencias a raíz del caso de Polonia. Mientras los soviéticos querían fijar allí un aliado, EEUU y el Reino Unido preferían un gobierno democrático. Los intereses ya eran diferentes entre ambas potencias y poco a poco se exagerarían hasta que los dos estados no veían más allá el uno del otro durante toda la “Guerra Fría”. EEUU, ensayaba con un arma más poderosa y mortífera de lo que jamás se había visto. Mientras la Unión Soviética blindaba su telón de acero, EEUU avanzaba más y más en sus experimentos armamentísticos. El presidente Roosvelt murió repentinamente en 1945; dos meses antes de su muerte había estado en la U.R.S.S hablando de la postguerra. Al morir, Roosvelt ya sabía que la Unión Soviética no iba a cumplir los acuerdos. Truman fue el nuevo presidente. Mientras Roosvelt había sido un amigo para los soviéticos, Truman era todo un desconocido y no tenía ningún tipo de roce con Stalin. En las manos de este nuevo presidente iba a recaer una de las decisiones más importantes que se han tomado jamás.

La guerra se libraba en Japón en todo su esplendor. Todo se inclinaba ya a favor de EEUU. Los aviones americanos bombardeaban Tokio, destruyendo 42 km2 de la ciudad. Las cosas marchaban bien y parecía que con los ataques aéreos sería suficiente. EEUU quería conseguir la rendición total. En la primavera de 1945, los aviones americanos se “paseaban” libremente por Japón, pero el 1 de abril, las tropas americanas desembarcaron en la costa japonesa y se encontraron con una fuerte resistencia. El presidente Truman estaba inmerso en el debate acerca de si usar o no usar las bombas. Se sabía que Japón estaba contra las cuerdas y que buscaba una rendición honrosa.. Habían descodificado los mensajes con la U.R.S.S. A pesar de todo, Japón no tenía intención de buscar la paz de forma directa (hubiese supuesto un fracaso y una puñalada al orgullo nacional). La idea era usar a los soviéticos como motor de las negociaciones de paz. No obstante, la jugada no le salió nada bien y Japón acabaría recibiendo un doble envite de la propia URRS: primero, por apoyar a China en su lucha particular contra los japoneses, y segundo, atacando a Japón pocas horas después de que EEUU lanzase la primera bomba sobre Hiroshima.

Doce mil soldados norteamericanos murieron en una batalla en Japón. Este fue uno de los puntos detonantes de la decisión final. Japón no se iba a rendir y EEUU comprendió que la guerra había durado demasiado tiempo y podía durar bastante más. Truman decidió utilizar la bomba atómica con el fin de acabar con el conflicto al instante. Rápidamente se comunicó con Churchill y con Stalin para informarles de la situación. En Japón, diferentes miembros de la política creían posible alcanzar la paz sin la intervención del emperador, que seguía sin plantearse las negociaciones con EEUU de forma directa. El tiempo pasaba, Japón no reaccionó y la tragedia llegó. A las 8.15 del día 6 de Agosto, un avión dejaba caer una bomba sobre Hiroshima. Unos estremecedores 53 segundos se mantuvo en el aire antes de causar lo nunca visto.

Deberíamos reflexionar profundamente sobre este tema. ¿Hubo otra alternativa? Nadie puede brindarnos esta respuesta a ciencia cierta. Algunos de los situados en el lado de Japón, piensan que las negociaciones no hubiesen sido posibles nunca. Japón no hubiese accedido a aceptar las condiciones impuestas por EEUU. La punzada a su orgullo habría sido demasiado elevada. Otros creen que las negociaciones ya se habían emprendido y que la bomba no fue, en absoluto, necesaria. Como he dicho antes, EEUU era conocedora de la precaria situación que atravesaba Japón. Los motivos que llevaron a EEUU a lanzar la bomba seguramente fueron muchos y diversos. Si he de responder a la cuestión arriba formulada diré que sí que hubo otras alternativas, eso, sin duda. ¿Hubiesen dado resultado? No podemos saber si hubiese sido mejor o peor, y al respecto, considero que es demasiado “temprano” como para emitir una opinión personal clara y válida; quizás haya que dejar pasar más tiempo.

“Cuando la guerra es demasiado larga es deber de todos acabar con ella”. Estas son las palabras con las que un miembro de la política americana justificaba el lanzamiento de la bomba. Es posible que tenga razón, sobre todo tratándose de una guerra. No obstante, no puede servir de excusa lo que se cree ante tal barbarie. Refugiarse ante el dicho de “con el lanzamiento de la bomba se salvaron muchas vidas” es, cuando menos, una “tomadura de pelo”, si se me permite la expresión. ¿Qué autoridad moral permite a EEUU, o cualquier otro estado, decidir explosionar una bomba con la que se aniquila y se asesina indiscriminadamente a inocentes bajo la creencia de que es la mejor solución? Nadie puede aplicar la ley, ni las soluciones, ni establecer las formas de actuar de una manera tan unilateral y exclusivista. Esta postura me hace llegar a un planteamiento un tanto naturalista y fundamentalista (salvando las diferencias). ¿Qué hubiese pasado si de repente, otros países decidiesen tirar bombas nucleares por doquier para resolver sus conflictos? Pensándolo fríamente tienen exactamente los mismos derechos que los norteamericanos. ¿Por qué ese caso tuvo que ser especial? Es cierto que en todas las guerras mueren civiles. Cuando se bombardean ciudades mueren civiles, es cierto; es algo inevitable e igualmente lamentable. No obstante, la bomba atómica fue infinitamente peor que cualquier otro caso. La bomba atómica no atendía a destruir una base aérea, o una industria armamentística. Destruyó una ciudad en la que había miles y miles de civiles.
Tampoco me satisface dar un razonamiento en el cual base mis explicaciones en la crítica a EEUU. Pienso que existe un antiamericanismo desmedido en los últimos tiempos. A veces con razón, pero otras muchas sin ella. Personalmente considero que la decisión de lanzar la bomba no fue en absoluto acertada, simplemente, porque podía haber sido un condicionante que hubiese cambiado las formas de plantear las guerras, y ya de paso, el mundo. Gracias a Dios, eso no ha sucedido (por lo menos el mundo sigue dando vueltas). Sin embargo, EEUU tomó la decisión que creyó más acertada. ¿Salvó muertes? A la larga no lo podemos saber con certeza. La cuestión es más bien si la intención de EEUU era esa, la de salvar vidas.

Intentaré exponer ahora los diferentes intereses que pudieron servir a EEUU para justificar el lanzamiento de la bomba nuclear. En primer lugar, podríamos aventurar que fue la mejor solución, ya que de esa forma (como los estadounidenses creen) se evitaron muchas muertes. En segundo lugar podríamos decir que fue una gran solución para declararse vencedores de la guerra más salvaje que ha habido nunca y así de paso colgarse unas cuantas medallas de cara al resto del mundo. Este es uno de los hechos más repetidos: la Europa aliada se encuentra sometida a Alemania, y EEUU va en su auxilio, salvando a la humanidad. ¿Cuántas películas hemos visto así? Últimamente, en los cines nos salvan hasta de los extraterrestres. Pero debemos avanzar hasta motivos mucho más polémicos, que muchas veces se esconden en lo más recóndito de la política. Todos querían acabar la guerra, pero la querían acabar bien. Eso significaba situarse en un buen lugar de cara a la postguerra. La Segunda Guerra Mundial había durado muchos años, con el equivalente gasto que ello suponía. Alemania había sido derrotada y las viejas potencias (Francia y Gran Bretaña) habían mostrado debilidad y no salieron muy bien paradas en su enfrentamiento contra la potencia germana. Japón estaba ya en la cuerda floja, caminaba por un hilo arrastrándose a los pies de EEUU que atacaba la isla sin parar, pero la Unión Soviética seguía ahí. A pesar de todo el daño sufrido durante todos los años de guerra, la URRS continuaba en la pomada. Todo dependía de quién iba a ganar la guerra y a quién se le iba a atribuir la etiqueta de vencedor. Debemos recordar, que tan sólo unas horas después de que EEUU lanzara la primera bomba atómica sobre Hiroshima, la Unión Soviética decidió atacar a Japón en Manchuria. ¿Es casualidad? Yo me atrevo a decir que no. EEUU ganó la guerra antes que la URRS y fortaleció su posición en todo el mundo. Europa “pillaría” a EEUU en “contrapicado” desde ese momento y lo cierto es que hoy, 60 años después, lo sigue haciendo.

Este asunto me recuerda al debate acerca del asesinato de Carrero Blanco. ¿Es justificable un acto de barbarie si con ello es posible acabar con una dictadura? Me cuesta decidirme ante semejante disyuntiva moral, ya que pienso que tan sólo cinco años más de franquismo hubiesen dañado a España demasiado y ahora mismo las cosas no serían ni parecidas. Estamos dando vueltas en círculo al gran dicho de “el fin justifica, o no, los medios”. Se trata de una elección. A mi parecer, nadie está en condiciones de dar validez a un fin. ¿Por qué mis fines son más honrados que los de mi vecino? Si utilizamos el fin para justificar los medios seríamos la mayoría ciegos, y el resto tuertos y desdentados, de tanto jugar a ojo por ojo y diente por diente.
El asesinato de Carrero Blanco fue una aberración, un atentado contra la política, contra la democracia que, en aquellos años se vislumbraba incipiente, contra el más elemental derecho del hombre. Nadie puede tomarse la justicia por su cuenta y mucho menos si hay vidas de por medio.

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