Sunday, November 26, 2006

TELÉFONO ROJO: VOLANDO A MOSCÚ

TELÉFONO ROJO: VOLANDO A MOSCÚ



Sobre las causas de la Guerra Fría y el Plan Marshall.

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La Guerra Fría es ahora mismo, vista con frialdad (y valga la redundancia), un acontecimiento histórico a medio camino entre la realidad y lo absurdo. Pongo en duda la realidad de esta guerra, porque, en primer lugar, no fue una guerra. Algo obvio, pero que merece la pena no olvidar. Y digo absurdo, porque, por lo que respecta a mi visión personal, tiene mucho de ello.

No se debería entrar en la vulgaridad de criticar a uno o a otro de los bandos de aquella contienda. Son tal para cual. Ni es digno”blasfemar” contra EEUU y ese capitalismo desmedido que tan pernicioso es, pero que en el fondo tanto nos gusta, aunque muchas veces prefiramos hablar más de la cuenta, atrincherados bajo la protección de un antiamericanismo en muchas ocasiones exagerado; ni tampoco podemos situarnos en el lado opuesto, ese lado bueno de la fuerza que siempre tiene razón, siempre gana, se sacrifica por el resto del mundo para acabar en el cine protegiéndonos de alienígenas, dinosaurios y demás. EEUU no es eso, ni todas las cosas suceden allí, ni George Bush es lo más parecido a Dios en este mundo. La URSS no es el coco revolucionario antisistema que quiere gobernar el planeta, pero tampoco es el “sueño rojo” al que se le debe permitir todo, porque la nostalgia nos incita a ello. Las tesis de Karl Marx, por duro que resulte a muchos admitirlo, no son las tablas de la ley. Por todo esto, creo que hay que analizar la Guerra Fría desde una cierta distancia, ya que es muy fácil posicionarse en un lugar o en el otro, y estaríamos llenando de parcialidad nuestro comentario.

La Guerra Fría forja sus cimientos al final de la segunda guerra mundial. EEUU y la URSS, que siempre se habían tolerado muy bien, comenzaron a ver como las tensiones crecían entre ambos. ¿Quién presumiría al acabar la guerra? ¿Quién se colgaría las medallas? La Guerra Fría es una niñería si atendemos a cuestiones patrióticas, de orgullo o incluso políticas. Y es que el verdadero meollo de la cuestión se refugia tras intereses económicos, que son los que, dependiendo de quién fuese vencedor, iban a determinar quien sería el mayor beneficiado y el sumo sacerdote de la economía mundial, la política internacional y, de paso, el que exhibiese con mayor altanería su patriotismo. Las antiguas potencias europeas habían pasado a segundo plano y ahora, estas dos grandes naciones se repartirían el botín. Se creó una polarización cada vez mayor a medida que ambos descubrían que los intereses empezaban a estar contrapuestos. Las tensiones que desde fuera, como público, se apreciaban, generaban dudas sobre si realmente eran ciertas. Me refiero a la cuestión militar. ¿Realmente el problema fue tan atroz? ¿Es cierto que se rozó la catástrofe mundial? Personalmente me siento demasiado desinformado como para hablar con autoridad de esta cuestión. Se podría decir que la Guerra Fría alcanza su punto culminante en el momento en el que EEUU deja de tener el monopolio de las armas nucleares. Siempre se nos ha vendido a EEUU (por lo menos en los últimos tiempos) como un país obsesionado por la seguridad. No sé si será del todo cierto. Quizás la sociedad perciba ese miedo en parte gracias a que ha sido inculcado por la clase política. No obstante, mi instinto me invita a sospechar de la economía (y reitero en ello) como el verdadero motivo de la Guerra Fría, por cierto, término dictado por el periodista Walter Lippman.

Podríamos reflexionar largo y tendido sin obtener una respuesta definitiva, no obstante, la muerte de Roosvelt y la sucesión de Truman, demócrata, cuya política chocó desde un principio con la de Molotov, puede ser una de las causas reales. El gran “telón de acero” que Rusia intentaba levantar, al que se refería Churchill, es sin duda otro de los motivos destacables. La URSS intentaba formar un bloque comunista al que EEUU debía responder en defensa del capitalismo. Ambas potencias combatirían, por lo menos políticamente, por lograr países satélite. Pero como ya he dicho antes, es importante recordar que la vieja Europa atravesaba una crisis económica espectacular. Las viejas potencias: Francia, Gran Bretaña y Alemania estaban totalmente en crisis. Otros países como Italia o España, que desde mucho tiempo habían sido países con mucho peso en la política internacional, se encontraban a años luz de ser una potencia o tener gran influencia mundial. Japón había salía muy debilitada de la guerra mundial y el dominio iba a recaer o bien en EEUU, o bien en la URRS. Cuando hablo de dominio, lo vuelvo a hacer, me refiero, por supuesto al económico.

Las medidas que los EEUU adoptaron para superar la fortaleza de ese “telón de acero” fueron, cambiando además de tema, las que conformaron el llamado “Plan Marshall”. Con la idea de establecer estados democráticos que sirviesen como países satélite, los norteamericanos facilitaron dinero a estos estados para conseguir su confianza, los cuales compraban a su vez a EEUU, merced a las facilidades que los transatlánticos daban, para obtener una nueva repatriación de capitales forjando un círculo vicioso del que EEUU salía por todas partes beneficiado. Los arrebatos comunistas, en especial el golpe de Praga, aceleraron la aprobación del Plan Marshall, que saldría a la luz en 1948. España fue excluida del Plan. Un país autárquico no interesaba a EEUU, además, la fama de ser una dictadura, sin democracia tras la derrota de Mussollini y Hitler, no ayudaban en absoluto. Sin embargo, España representaba algo que a EEUU le complacía: su anticomunismo. El país latino era un obstáculo que los EEUU podían fortalecer frente al avance soviético; por su parte, España, muy dolorida tras la Guerra Civil, debía plantearse su política, su estructura, su identidad,… simplemente por no caer en una desgracia aún mayor, como así iba sucediendo poco a poco. De esta forma, a Franco no le quedó más remedio que eliminar su discurso fascistoide de la primera etapa de su mandato, para intentar salvar los muebles. Esta vez llorando a EEUU, bajándose de nuevo los pantalones, España iba a tratar de salir del abismo en el que caía sin cesar. Mi visión es sin duda parcial, porque creo que el franquismo no ha aportado nada bueno, ni hermoso, ni decente, ni aprovechable... en un país que en los últimos treinta años se ha comportado como no sé si algún país lo ha hecho alguna vez, saliendo adelante de manera ejemplar. La realidad, o mi realidad es esa. Franco (y con su nombre España) se prostituyó en pos del que más le convenía. Ni fue el hombre que dijo que no a Hitler (no es necesario comentar ninguna foto) ni el que salvó a España de nada.

No hace mucho tiempo que en clase alguien decía que la historia la escribe quien gana. No me gustaría señalar un vencedor, pero es una obviedad que EEUU ha sabido contar la historia de la última mitad de siglo mejor que la URSS. La economía capitalista propugnada por EEUU consiguió expansionarse de una forma eficaz mientras que el modelo económico comunista propuesto por los soviéticos acabó formando parte del baúl de los recuerdos. El estado norteamericano logró imponer su sistema, más atractivo que el sistema comunista, del que la mayor parte de la población recelaba por carecer de la solvencia económica que podía alcanzarse en el mundo occidental. Los más nostálgicos aún creen que el comunismo no pudo desarrollarse en su plenitud...

Nuestras dudas, una vez más, debemos aclararlas reflexionando. El tiempo lo dirá, pero hoy, nos cueste más o menos admitirlo, el capitalismo sigue ganando la partida. Quizás, China, fuera hasta hace bien poco la esperanza del sueño marxista, pero, al día de hoy, y ateniéndome a la observación de los hechos que muestran el despertar del gigante asiático, permítaseme dudar de la condición actual de paladín del comunismo que podríamos atribuir a ese enorme país.

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